
De todas las cosas que me esperaba a mi vuelta al trabajo jamás me esperé esto. Soy una periodista con el autoestima por el piso. Tengo miedo y, antes que todo, tengo que bajar de peso!!!
Volver a la realidad es difícil, por Dios que lo es, pero creo que para mí es sumamente costoso porque me tengo que enfrentar, no solo el estrés laboral, el smog, la rutina (aunque en mi trabajo ese término pasa a ser cuestionable), sino que además me tengo que armar de valor para el evento que aterra a toda mujer con un cuerpo-no-de-barbie ¿cuál? Miss Reef, por supuesto.
Uno viaja, uno ve los lugares más lindos del mundo y el relajo de las vacaciones y la sonrisa permanente parecen acompañarte hasta la oficina por un par de días, solo un par y luego all gone y empiezas a preguntarte cuánto quedará para tomarte nuevamente esas benditas tres semanas que pasan más rápido que… que… no sé me ocurre qué, pero muy rápido.
Esta vez yo creía que lo había logrado. Mi viaje fue tan intenso y maravilloso que estaba segura que mi alma seguiría en estado zen por todo el año. Claro, todo marchaba perfecto hasta que me llega la invitación al Reef Girl en el Sheraton de Miramar, y sí, estoy obligada a ir para reportear cuál de todas esas perfectísimas esculturas gana la competencia.
Y ¿Qué me puede importar a mí que existan mujeres con cuerpos perfectos? Nada, tienen razón, no debería importarme, pero el hecho de que ninguno, sí lo escucharon NINGUNO de mis pantalones me sube después de este “intenso y maravilloso viaje” en el cual los excesos de masas, chocolates y de café dejaron marcas sin piedad por todo mi cuerpo. Entonces en este estado, irme ahí, al punto donde estas desperfecciones contrastan absolutamente y parecen engrandecerse, es como el masoquismo mismo ¿o no?
Obviamente no le comenté nada a mi novio para no obtener una de sus risas contundentes por otra de mis “paranoias” como él les dice… pero claro, el es modelo y sólo a OÍDO hablar de cosas como la celulitis, la grasa y la pesa del baño. Obviamente no es el apoyo que quiero.
Llamé a una amiga que trabaja en una marca de productos de belleza segura de que ella tendría la solución inmediata a mis problemas. Más que contundente fue su carcajada al otro lado del teléfono, mi novio podría haber sido más piola. “¡¡Pero es que cómo quieres que todo eso desaparezca en una semana, todavía no se ha inventado ese producto. Te recomiendo que te tomes un par de copas antes de entrar y te vas a sentir como una reina!!”. No me pareció nada graciosa su solución y le corté maldiciendo a la ciencia y su incompetencia. A quién le sirven las soluciones a largo plazo digo yo.
Me metí en Internet y busqué de todo y encontré de todo también (no les recomiendo indagar tanto en el mundo de la obesidad). Pero, a no ser que me haga una cirugía, no hay mucho más que los dos litros de agua, la eliminación de las frituras, y los masajes con cremas “reductivas”. La verdad es que no existe nada que automáticamente elimine las vacaciones del cuerpo de una manera rápida… igual de rápida como mi alma las eliminó para siempre. Parece que ambas partes de mi cuerpo funcionan con diferente metabolismo.
Sólo me queda el poder de la mente: Reef girl, aquí voy… ojala entre por la puerta.





