
Ayer al fin pude ir a ver la tan comentada historia de Carrie Bradshaw y su team. No se preocupen, no voy a contar el final ni los detalles jugosos, si es que todavía no la han visto por ahí. Es que creo que nunca había estado frente a una película con tantos pre-estrenos.
Puede ser que, como yo no veía la serie, mi año no partió con la cuenta regresiva de calendario hasta el esperado 3 de julio, día del estreno oficial en Chile. Entonces no me hice ninguna expectativa y tampoco hice click con la euforia previa. Por eso me senté absolutamente en blanco frente a al pantalla y encontré la película entretenida, un poco larga y, aunque no estemos en Nueva York ni usemos carteras Luis Vuitton, demasiado real.
Aunque no me vi todas las temporadas, obviamente tenía una noción de todos los personajes que aparecían y que se conservan intactos en la película: las cuatro fabulosas amigas de Manhattan siguen siendo las mismas cuatro mujeres llenas de líos de cama y de calle que buscan la felicidad. Ojo, la felicidad con pareja, sino, no vale.
Mientras veía la película, me iba preguntando, por qué estas cuatro mujeres son tan….tan… déjenme pensar la palabra… ¡¡TAN MUJERES!! Y es que eso son. Yo no podría sentirme representada por una sola, imposible, aunque el test de facebook diga lo contrario (salí Samantha a mucha honra).
Así me fui toda la película poniéndome en el lugar de una y de otra, a pesar de que son tan distintas. Todas eran yo, mi persona, pero en diferentes grados y claro, mucho peor vestida y en una ambientación mucho menos cool que los restaurantes de Nueva York.
Sin pedirnos permiso o consultar, los productores revelaron en pantalla nuestras inseguridades, la forma que tenemos de resolver nuestros problemas, las amistades, el amor, las expectativas que nos hacemos en la vida y cómo, aunque no queramos aceptarlo, a veces un closet más grande nos hace tanto más felices (único detalle, lo prometo).
Estas cuatro chiquillas, o ya más maduronas ahora, nos muestran tal cual somos: mimadas, lloronas, fuertes, apasionadas, responsables, lúcidas, entregadas, inseguras, sensibles y con un gran sentido del humor. Así son Carrie, Samantha, Miranda y Charlotte (estupendos nombres por lo demás). Así somos nosotras. Complicadísimas, pero por dios que lo pasamos bien.
¿Qué hace un hombre al ir a ver esta película? Tiene dos posibilidades: o reírse de nosotras, o no entender absolutamente nada y mirar el reloj cada cinco minutos hasta que termine el desfile de modas en la pantalla. Un desfile donde las modelos tienen más de 40 años, nada atractivo para los chicos… bueno, para casi todos.
Tal vez no dije nada nuevo, porque el tema de representar a la mujer en la pantalla y de hablar sobre eso en columnas ya se viene haciendo desde hace un buen rato. Pero la película no es más que eso. Nosotras-ellas, ellas-nosotras. Y así se puede seguir eternamente con las comparaciones hasta nuestro propio final, que ojalá sea feliz… y con pareja claro.




