¿Te casarías conmigo?
La gran pregunta. La tan esperada. La que imaginaste más de mil veces, no tanto por desesperación como mucho creen, sino por ser parte del juego de imaginar: como será cuando…
Y finalmente llega tu día y todo es tal como JAMÁS te lo imaginaste. Bueno así fue para mí. Cumplía seis meses de pololeo, venía llegando de un fin de semanas con amigos y el respectivo en la playa. Cansada, chascona, desaliñada, le dije que me acompañara a pasear al perro para que hiciera sus necesidades. Suuuuuuuper romántico.
Estábamos en una plaza conversando de cualquier cosa cuando saltó el tema del matri. Ya lo habíamos hablado en más de una ocasión, pero siempre era yo la que evadía el tema, aunque parezca poco de mujer-socialmente-en-edad-de-merecer (28) o como sale en las películas, donde siempre son los hombres los que se hacen “los lesos”.
Terminando la conversación y concluyendo que éramos una muy buena pareja (por suerte), él me dice las palabras mágicas: “¿Te casaría conmigo?”, a lo cual yo contesté, como buena shilena, “ya po”. Obviamente yo pensaba que ésta era otra más de las conversaciones al respecto, claramente no me había dado cuenta que era LA conversación, ya que esa, la imaginación me la contaba en castellano antiguo y en un atardecer perfecto en la playa.
Y así fue. Sin anillos escondidos en el bolsillo, en la copa, en un regalo, dentro de un libro, debajo de la cama, y hasta una vez me contaron de a una que se lo escondieron en la hamburguesa del McDonals. Tampoco había una noche estrellada ni estábamos vestidos con nuestros mejores trajes. Éramos nosotros tal cual somos un fomingo en la tarde conversando sobre nuestro futuro juntos.
Ni les cuento el ataque de pánico que me dio cuando, luego de oír mi simplezca respuesta, me dijo que tenía “algo” en su departamento. Una reacción nada similar a la que habría esperado de mí. Mi mente no podía hacerse la idea de que ESE fuera el momento. De que, de ahora en adelante sería la novia, la esposa, la madre, cuando sólo hace seis meses mi vida no tenía ningún título complementario.
Pero dije que sí, y lo diría mil veces más. Aunque la película no fue película, y tal vez muchas de mis amigas se sintieron decepcionadas por no oír la espectacular historia de mi pedida de compromiso, para mi fue perfecta, pues fue uno de los momentos más reales y sinceros que he vivido.
Un hombre le pide a una mujer miedosa que se case con ella para hacerla feliz, teniendo a un perro con defícit atencional como testigo. Qué más quiero. Esta es mi historia y con ella me transformé en la novia.




