Una pregunta súper simple, clara, directa. Pero nunca pensé que tanta gente te la hiciera después de que te han pedido matrimonio y dijiste que “sí”. La cosa es que, en el período post-eufórico de la novia, después de que todas gritaron, todos se abrazaron y creíste que el mundo ya no podía ser más perfecto, empiezas a pensar. Y si yo me creía media enrollada, soy un pirigüín comparado con otros.
Creo que para casarte hay que estar segura, por eso este período “post-proposal” es muy importante y hay que tomarlo con calma. No es para menos, acabas de tomar una decisión para toda la vida y, en mi caso, creo que nunca había tomado algo tan en serio. Pero lo raro, es que el resto también piense por ti o se empeñe en ponerte motivos extras en los cuales pensar.
Nunca me lo imaginé, pero son muchas las personas que me han preguntado por qué elegí casarme. Una pregunta que lleva muchas otra a cuestas: por qué no convivir antes, por qué ahora, por qué con él, cómo estás tan segura de que es para ti, te has dado cuenta de que es para toda la vida. Suma y sigue.
Con las idas y vueltas del mundo moderno, los cambios generacionales y los profundos cuestionamientos que se hace la juventud hoy, parece inevitable y casi obvio que la gente tenga que preguntarte la justificación lógica de por qué haces todo lo que haces, sobre todo si se trata de algo TAN loco como prometerle a una persona el estar con él/ella toda la vida.
Bueno, para tranquilidad de todos, y mía, ya lo pensé y estas han sido mis paupérrimas conclusiones:
1. El matrimonio es una apuesta. No así como tirar una ficha a la ruleta, pero igual una está jugándosela por esa carta sin saber qué es lo que depara el futuro. Y eso, a mí por lo menos, me encanta. Odio saber el final de las historias cuando recién las estoy comenzando.
2. No existen fórmulas que te permitan ver si ganarás la apuesta. He conocido y escuchado miles de millones de historias sobre matrimonios exitosos y que fracasan y creo que no existe un factor común denominador que determine qué lo hará funcionar. Él único ingrediente mágico es quererse harto creo yo.
3. Creo que está bien analizarlo, pero hasta cierto punto, porque ojo, tantos rodeos te pueden llevar a una calle sin salida y claro, es muy probable que si cada vez que tu novio hace algo que te desagrada un poco tú vas y piensas: para toda la vida, para toda la vida, para toda la vida (léase como un eco en el inconsciente)… lo más seguro es que te asustes y te den ganas de convertirte en una “runaway bride”(novia fugitiva).
Y eso, la verdad. Aunque parezca insólito, inconcebible e impensable para una enrollada como yo… el matrimonio no se sustenta en muchas razones lógicas. Al contrario. Me costó mucho entenderlo, pero esta vez no necesito que la cabeza me diga que “ando por el buen camino”… ¿y qué lo hace entonces?: una sensación de tranquilidad enorme cada vez que estoy con mi hombre y siento que todo va a salir bien. Es lo que más me convence que tomé la decisión correcta.




