
Ya he dicho que tengo alma de quinceañera, y por eso me encantaron High School Musical (y Zac Efron, por supuesto) y Crepúsculo (con Robert Pattinson…sin comentarios). Ustedes comprenderán que todo el jaleo que ha causado Glee como la serie revelación del año no me podía ser indeferente, así que me pusé a ver la serie (por internet porque llegué atrasada para verla desde el principio en la tele) y estoy enviciada. No es como Lost, Heroes o Prison Break que el suspenso y la incertidumbre no te dejan despegarte de la pantalla; esta es una serie liviana y divertida, aunque la liviandad es sólo aparente, tiene mucho humor negro y bastante políticamente incorrecto, especialmente de parte de la entrenadora de las porristas: Sue Sylvester.
Glee, es el Club de canto y coreografía de cada colegio (acá parece que no hay un equivalente exacto) y el de la Secundaria McKinley da pena: son sólo 5 y pertenecen al escalón más bajo de la popularidad colegial: un niño en silla de ruedas, una asiática tartamuda, una gordita negra, un niño que parece niña y la estrella del team: Rachel, una judía con el sueño de ser estrella. Claramente el club está destinado al fracaso hasta que el profesor chantajea al mariscal de campo (sí, los clichés escolares) para que se una. El resto, veanlo por ustedes mismos, y me cuentan qué les pareció.












