¿Qué estás haciendo? Me pregunta mi mamá. Escribiendo, contesto. No, con tu vida, me insiste. Claro, ella no se refería a lo que yo estaba haciendo en ese minuto sino a qué estaba haciendo con los 12 años de estudio en uno de los mejores colegios de Santiago y luego 5 en una de las universidades más prestigiosas. Dónde quedó todo eso era la pregunta y yo, yo no supe qué decir.
Ustedes me vienen recién conociendo, pero para conocerme bien, primero tienen
que entender a mi familia y cómo funcionan las cosas en mi casa. Somos cinco hermanos y todos y cada uno de ellos estudiaron en la Católica algún tipo de ingeniería, póngale ustedes el apellido, comercial, eléctrica, hidráulica… me da lo mismo. Hasta que yo, la más chica, elegí periodismo. Entonces claro, mientras a mis amigas les regalaban autos y viajes por haber entrado a lo que querían, a mí me dieron unas palmaditas en la espalda y me preguntaron por milésima vez ¿estás segura que quieres eso?
A pesar de que por cinco años tuve a mi hermano en la mesa alegando de cómo yo era la más matea y la más capa y que me estaba perdiendo en esa carrera, logré recibirme sin ningún ramo echado y con la familia algo convencida de que todo esto no era una pérdida de tiempo y de plata. Porque ahora se venía lo grande, nuestra niña en CNN, nuestra próxima Raquel Correa, y los ojos de mi papá brillaban… Pero algo sucedió, y ustedes lo saben, apareció este trabajito en una agencia de modelos que poco a poco tomó toda mi vida, y mi mamá me mira, mueve la cabeza y se pregunta hasta cuándo durará.
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